continuo la voz -
debemos irnos lo más antes posible. -¿Pero por qué? preguntaron
todos. La voz, con acento tembloroso, les volvió a advertir -
Amigos estos dos enormes tigres negros en el día son inofensivos y mansos,
puedes tocarle, acercarte y jugar con ellos, pero al caer la noche se
convierten en feroces depredadores.
Seguirán sus huellas hasta encontrarlos por
más bien escondidos que estén y los descuartizaran y devoraran,
especialmente vuestro cerebro que es su presa favorita. A estos animales
ni las balas de la escopeta podrán matarlos. - Así que ¡huyamos antes que se
acerque la noche!, ¡por todo los cielos les ruego!, ¡se los suplico!,
continuo la voz, convenciendo a medias a los cazadores. Ante los
ruegos del hombre decidieron regresar y volvieron a cruzar el
río cuando las primeras sombras invadían el río y el bosque.
Escogieron para dormir la protección de una de las aletas de
un Yanchama. El hombre que sabía de la peligrosidad de los tigres
negros preparo una chapana en una capirona tierna, larga y delgada y se subió.
Al poco rato de haber subido al árbol, observo a sus compañeros dormir
plácidamente. Los llamo a grandes voces a cada uno por su nombre y ninguno
respondía.
Pareciera que los tigres emitían un aroma que adormecía y provocaba
el sueño. Fue, en aquellos momentos, que los tigres empezaron con su ataque
depredador. Presencio atónito y horrorizado, como los tigres iban
descuartizando uno a uno a sus compañeros. De un certero zarpazo abrían los
cráneos y se daban un lento festín con los sesos sangrantes de las
víctimas. El único cazador que se salvo, gracias a la chapana, vivió la peor
pesadilla de su vida al ser testigo de tanta atrocidad. Los tigres intentaron
vanamente trepar la capirona, cejando su intento solo al amanecer. El
sobreviviente pudo bajar de la capirona cuando a los primeros rayos del sol los
tigres negros se amansaron y durmieron, sacios de carne humana.
Observó los
restos de sus compañeros esparcidos alrededor de la Yanchama. Temblando contuvo
a duras penas el miedo y aprovechando que los tigres dormían plácidamente, huyó
desesperadamente hasta el pueblo de Pampa Hermosa. Al llegar relato
lo sucedido entre lágrimas y lamentos. Al concluir el relato - dijo -
Debemos escondernos esta noche, los tigres negros siguiendo mis huellas
vendrán a buscarme y todos nosotros estamos en peligro. - ¡DEBEMOS
Autor: Elger Flores Marchena Hecho el deposito legal en La BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERU - Nº 2014 - 01387
Autor: Elger Flores Marchena Hecho el deposito legal en La BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERU - Nº 2014 - 01387
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